
En el SENA reina el caos de responsabilidades administrativas y no se respetan las funciones asignadas a cada dependencia en el Decreto 249 de 2004 y su
modificación en el Decreto 2520 de 2013. Las funciones se modifican dependiendo del poder que tenga de incidir ante el Director General el Directivo de turno, abrogándose la ejecución presupuestal de grandes cantidades del presupuesto de la Entidad y más parece una disputa de recursos entre Directivos, o zafándose de funciones embarazosas, que una verdadera sinergia entre todas las dependencias de la Institución.