
Nos puede o no gustar un gobierno, pero jamás se debe permitir que las diferencias política – ideológicas conlleven a legitimar actos de barbarie que afecten a la población civil, o atente contra la soberanía de un pueblo.
Históricamente, se ha creado un discurso hegemónico desde occidente, auto definiéndose como los defensores de la libertad y la democracia y los precursores de la Paz, pero solo ha sido una falasea que, de repetirse tantas veces, se creyó que era una verdad absoluta.
Pero, también desde la historia nos ha permitido analizar desde la narrativa y la Praxis de Estados Unidos, como esa verdad se queda sin peso y sin argumentos; solo basta recordar las múltiples intervenciones que ha realizado en países como Cuba, Nicaragua, Panamá, México, Chile, Argentina, Irak, Afganistán, Libia, Vietnam por citar algunas, donde siempre había una “Justificación Razonable” para invadir y que posteriormente a estas incursiones, hubo, saqueo de recursos naturales, desestabilización política, pobreza, profundización de la violencia, la perdida de autonomía para gobernar, dependencia económica, polarización entre la población y el surgimiento de dictaduras militares carentes de esa democracia que decían rescatar.